Aprender de nuestras experiencias para crecer: Una parte importante de la vida

Así como se dice, o tal vez habremos escuchado, que es importante permitir a los bebes, cuando empiezan a andar, que lleven su ritmo, dejar que se caigan y aplaudirlo como parte de su aprendizaje, ¿por qué no actuamos de la misma manera y somos igual de indulgentes y autocompasivos con nosotros mismos a la hora de aprender?

A lo largo de nuestras vidas, todo lo que hacemos y nos ocurre es aprendizaje.

Todo lo que vivimos forma parte de lo que somos, toda experiencia, positiva o negativa, nos deja una huella.

Y tenemos el poder de lograr que esa huella:

  • signifique un aprendizaje, de la que salgamos fortalecidos y que nos ayude a afrontar situaciones parecidas en el futuro con más fluidez,
    o, por el contrario,
  • se convierta en una herida sin cicatrizar, que suponga un límite, una carga y un sufrimiento continuo.

 

El pasado es parte de lo que somos pero no nos define inevitablemente.

Tener la oportunidad de aprender de nuestras experiencias es una de las mejores partes de la vida. Nos otorga satisfacción por el esfuerzo que ponemos para seguir adelante y que éste vale la pena y nos da una valiosa sensación.
El hándicap quizás, está en que la vida es un aprendizaje sin ensayos, una improvisación en directo. No hay ensayo que valga porque todo vale, todo cuenta. Por eso, realmente aprendemos, crecemos y nos desarrollamos como personas a través de las situaciones que nos suponen un desafío, que nos
cuesta aceptar o a las que nos es difícil encontrar una solución o alternativa diferente.

Todo lo que vivimos es una “prueba” que nos da la oportunidad de aprender, mejorar y potenciar nuestras habilidades y recursos para actuar en el futuro.
Vivir no es algo estático. Es un proceso que supone cambiar nuestra percepción a lo largo del camino. Y lo ideal es que este cambio nos encamine hacia el bienestar y nos aleje del sufrimiento.

Es posible que a veces hayamos pensado, “qué suerte tienen esas personas a las que no les pasa nada malo, las que tienen más facilidades, a las que se les ha dado todo hecho. Su esfuerzo es mucho menor y pueden dedicarse a disfrutar”. Sin embargo, el disfrute suele ser mayor cuando valoras el camino y el esfuerzo.

Por esto, deberíamos siempre sentir orgullo de nuestras experiencias, de las malas épocas o acontecimientos inesperados que hemos superado, e incluso agradecimiento por las oportunidades y los desafíos.

¿Cómo logramos aprender de ellas para salir fortalecidos y que nos ayude a afrontar otras situaciones en el futuro?

1. Darnos permiso de equivocarnos. Vale más y genera mucha más valentía y sabiduría aprender a levantarnos y seguir adelante que nunca vivir nada que suponga un desafío. Equivocarnos no es un fracaso, al contrario, es una parte importante de la vida y la manera más potente de avanzar.

2. Aceptar lo que nos ocurre y la situación tal cual es y tomar conciencia de lo vivido, no mirar hacia otro lado.

3. Comprometernos a hacer lo que esté en nuestras manos para no volver a pasar una situación similar.

4. Tener presente que todo lo vivido supone un aprendizaje y aprovechar la oportunidad para reflexionar sobre lo ocurrido y sacar algo útil de ello.

5. No olvidar felicitarnos, sentir orgullo de lo que hemos sido capaces de superar y tener muy en cuenta y valorar nuestros esfuerzos.

Por todo esto, os deseamos que no os den todo hecho y que muchas cosas no se os hagan fáciles. Y con la misma alegría, podamos aplaudirnos al caer, nos pongamos de pie y sigamos andando.


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Acerca del autor

Elena Marín

Psicóloga Sanitaria. Especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, Obesidad y Coaching Nutricional, relaciones de pareja, Mindfulness, gestión emocional, relación con la mente y desarrollo personal.

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